Por Isis Espinola
La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido para muchos en un confidente, e incluso un sustituto emocional. La capacidad de los chatbots para simular empatía ha disparado una dependencia emocional silenciosa y peligrosa en millones de usuarios, quienes confunden el algoritmo con el afecto humano.
Un Refugio 24/7 para el Aislamiento
La IA emocional se ha posicionado como el compañero perfecto. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) una de cada cuatro personas en el mundo sufre de soledad social, lo que explica la explosión en el uso de compañeros virtuales.
Estos sistemas, diseñados para ser accesibles 24 horas al día, los 7 días de la semana, ofrecen una escucha sin prejuicios, algo especialmente atractivo para los grupos más vulnerables. Investigaciones señalan que hasta un 25% de los jóvenes entre 17 y 28 años, experimenta síntomas de soledad y recurren a la IA más que a consejeros humanos.
Plataformas dedicadas al uso conversacional han mostrado la intensidad del vínculo generado entre jóvenes y bots, reportando un crecimiento explosivo en su base de usuarios, que pasó de millones a decenas de millones en solo un año. Además, algunos informes revelaron que más de un millón de usuarios semanales discuten temas como el suicidio, ansiedad y miedos. Aunque sirve como una primera línea de contacto, esto subraya la profunda vulnerabilidad emocional que se deposita en una tecnología sin conciencia ni moral.
La facilidad con la que la mente humana atribuye cualidades humanas a objetos inanimados convirtiendo las respuestas algorítmicas en “afecto real,” denotan la necesidad de conexión social y nuestros mecanismos cerebrales naturales para comprender el mundo. Así como Chuck Noland (Tom Hanks) lo hace al poner cara y nombre al balón que encontró en su naufragio.
El Duelo por un “Amigo Artificial”
Uno de los datos más reveladores surgió tras la actualización de modelos de IA. Al realizar una modificación de la personalidad o “memoria” del chatbot, los usuarios reportaron en foros “angustia” y “crisis emocionales”.
Este fenómeno, de pérdida artificial se vive como un duelo real, lo que permite ver que la conexión unilateral es muy poderosa. Un ejemplo de éste comportamiento se muestra en la película “HER” del año 2013.
Consecuencias psicosociales:
- Aislamiento Reforzado: Al preferir la “perfección” y la ausencia de conflicto de la IA, los usuarios no desarrollan habilidades sociales basadas en la complejidad e imperfección humana.
- Riesgo Terapéutico: La IA carece de intuición moral y experiencia vital. Su uso como sustituto de la terapia humana puede enmascarar problemas graves de salud mental y disminuir la interacción social, que es crucial para el desarrollo emocional.
La IA es una herramienta de apoyo, no un corazón. Es urgente una educación emocional digital para asegurar que esta tecnología enriquezca nuestras vidas sin despojarlas de la esencia y compleja conexión humana.
